DANZA DEL CINTURÓN
Observé a Phyllis Robertson ejecutando la danza del cinturón, sobre pieles desplegadas entre las mesas, ante los ojos de los Guerreros de Cernus y los miembros de su personal. Al lado, Ho-Tu se metía potaje en la boca con una cuchara de cuerno. La música tenía acentos ásperos, era una melodía del Delta del Vosk. La danza del cinturón es una danza creada y difundida por las bailarinas de Puerto Kar. Como de costumbre, Cernus estaba enfrascado en un juego con Carpus, y tenía ojos únicamente para el tablero.
Con la cuchara, Ho-Tu señaló a Phyllis.
La danza del cinturón se baila con un guerrero. Ahora, la joven se retorcía sobre las pieles, a los pies del hombre, moviéndose como si él la hubiera golpeado con un látigo. Tenía una cuerda de seda blanca anudada a la cintura; a esa cuerda esta unido un estrecho rectángulo de seda blanca, que tendría unos sesenta centímetros de longitud. En el cuello, un collar de esmalte blanco, con cerradura. Ya no usaba la banda de acero en el tobillo izquierdo.
"Excelente" dijo Ho-Tu, mientras dejaba la cuchara.
Ahora Phyllis Robertson yacía de espaldas, y un momento después de costado, y más tarde se volvía y rodaba, y alzaba las piernas, y se cubría el rostro con las manos como si estuviese protegiéndose de los golpes, y el rostro mismo era una máscara de dolor y miedo.
La música cobró un ritmo más intenso.
La danza se llama así porque la cabeza de la joven nunca debe sobrepasar el nivel de la cintura del Guerrero, pero solo los puristas se preocupan de tales refinamientos; sin embargo, cuando se ejecuta la danza es imperativo que la joven nunca se incorpore.
Ahora la música se convirtió en un gemido de rendición, y la muchacha estaba de rodillas. La cabeza inclinada, las manos en los tobillos del Guerrero, los labios en los pies del hombre.
"Sura está haciendo un buen trabajo" dijo Ho-Tu.
Estuve de acuerdo.
La danza del cinturón estaba llegando a su punto culminante, y me volví para mirar a Phyllis Robertson. A la luz de las antorchas, estaba de rodillas, el Guerrero a su lado, sosteniéndola de la cintura. Había echado hacia atrás la cabeza, y sus manos se movían sobre los brazos del Guerrero, como si deseara apartarlo para acercarlo después aún más, y la cabeza de Phyllis entonces tocó las pieles, y su cuerpo era un arco cruel en las manos del hombre; y después, con la cabeza inclinada, pareció que ella luchaba y que su cuerpo se enderezaba, hasta que, salvo la cabeza y los talones, descansó sobre las manos del hombre cerradas alrededor de la cintura, los brazos extendidos a ambos lados de la cabeza hasta que los dedos tocaban la piel que recubría el suelo. En este punto, con un toque de címbalos, los dos bailarines permanecieron inmóviles. Después de un instante de silencio bajo las antorchas, la música dio la nota final, con un toque potente y desgarrador de címbalos; el Guerrero la depositó sobre las pieles y los labios de la joven, con los brazos alrededor del cuello del hombre, buscaron ansiosos los labios del Guerrero. Al fin, los dos bailarines se separaron y el varón retrocedió, y Phyllis permaneció, abandonada sobre las pieles, sudorosa y jadeante, la cabeza inclinada.
Asesino de Gor